Relax merecido en Jaisalmer

Nuestra idea en Jaisalmer era pasar un par de días más tranquilos viendo su fuerte, que es el único del Rajasthan que continua habitado en vez de haberse convertido en museo y clavártela bien por el ticket de entrada. También teníamos planeado hacer un pequeño safari por el desierto del Thar incluyendo pasar una noche en él. Parece poco, pero en Jaisalmer el tiempo pasa lento y el calor aprieta pero bien… así que empezamos por no madrugar y tomarnos las cosas con mucha, mucha tranquilidad.

Así pues, salimos el primer día del hotel Jeet villa directos a ver el fuerte dorado de Jaisalmer. Un Rickshaw nos dejó en la primera puerta del fuerte desde donde nos adentramos pasando varias puertas más hasta empezar a recorrer callejuelas con tiendas, bares, restaurantes, guesthouses… y por supuesto vacas, que van a su bola pero que debe ser que a una de ellas le caí mal o no lo gustó como olía porque en una calle, mientras Alatiel preguntaba a un tendero si se dejaban tocar, me envistió justo en mis partes, jajaja, menos mal que era un ternero pequeño que si no me deja nenuco.

Puestos de artesanía local en el fuerte
La madre de la vaquilla que envistió a Javi

Continuamos paseando, yo con más cuidado y Ally un poco asustada, ya no es que no se planteara tocarlas, si no que desde entonces si no podía pasar a una distancia de por lo menos 2 metros de una vaca se daba la vuelta o se esperaba a que pasara. Entramos en un templo Jainista, en el que pese a que el horario de visita terminaba a las 12, invitados por uno de los monjes a cambio de un pequeño donativo. Como el templo que vimos en Bikaner, tenía grandes bloques de piedra tallados con muchos detalles, además de unos cuantos murciélagos que en aquel momento descansaban inconscientes del calor que hacía fuera.

Templo Jainista

Interior de

Después fuimos a comer al restaurante Free Tibet (toco preguntar el camino unas cuantas veces) desde donde se ve la ciudad “nueva” de Jaisalmer rodeando el fuerte y que casi no se distingue con el color de las áridas tierras que la rodean. Mientras comíamos empezó a llover muy fuerte, así que nos miramos y dijimos… hoy no vamos al desierto.

Vistas de Jaisalmer desde su fuerte

Vistas del muro del fuerte desde el Palacio

Antes de dejar el fuerte, decidimos entrar al palacio real donde vivió el Maharaja. Este era un poco más pequeño que el de Jaipur y el de Bikaner, y la principal diferencia era que al igual que el resto del fuerte estaba hecho con piedra de arenisca amarilla lo cual le daba un aspecto de castillo de arena gigante. Desde el propio Palacio, el edificio más alto del fuerte, las vistan de todo Jaisalmer eran geniales.

Ventanas de celosía tallada en la piedra por donde se asomaban las concubinas
Un descansito por favor

Volvimos al hotel dando un paseo por las calles de Jaisalmer bordeando el fuerte y contemplando la vida de los locales. Fue durante el trayecto cuando nos planteamos cambiar los trenes que teníamos contratados  por un coche con conductor que nos llevara por el itinerario que teníamos planteado hasta agra, y además nos permitiera ver otros sitios de camino entre las principales ciudades, como Jumbalgar o Pushkar que con el tren sería más difícil. Hablamos en el hotel con Avi para quedarnos esta noche, ya que habíamos decidido no ir al desierto por hoy, y para que nos buscase precio para el coche.

El Palacio visto desde fuera de la ciudad amurallada

Paseando por las callejuelas del fuerte

Mientras cenábamos en el restaurante Jaisal con geniales vistas del fuerte y genial comida empezábamos a sentirnos mas a gusto en la India, había costado unos días cogerle el ritmo, pero Jaisalmer nos había permitido relajarnos un poco y empezar a disfrutar de la aventura, todavía pendientes de si cambiábamos los trenes por el coche, acompañados de una kingfisher bien fresca.

Cena con vistas al fuerte
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