Varanasi: La vida y la muerte se bañan en el Ganges

 La vida y la muerte limita nuestra existencia. La vida no es más que un peregrinaje hacia la meta final, la que en algún momento todos alcanzamos. Es curioso ver como dependiendo del  lugar del mundo en el que nos encontremos, la cultura que nos signa o la religión que nos detenta, vivimos está última experiencia de la vida de formas muy diferentes, llegando a rozar sentimientos tan extremos como tristeza  o alegría. En España y otros paises occidentales realizamos un funeral bañado de lagrimas y tristeza, sin embargo en Estados Unidos se suele acompañar a este acto con un formal cóctel. Pues si cruzamos el océano pacífico y llegamos hasta Bali por ejemplo veremos como allí se hace una fiesta por todo lo alto en la que todo el mundo está feliz y sonriente, llegando a los extremos que, en vez de darle el pésame a la familia será mejor que les digas que te alegras de verdad por ellos, ya que si no te mirarán con mala cara.

Nuestra última etapa del viaje en la India antes de continuar en Nepal nos llevó a Varanasi, la ciudad más antigua del planeta. Allí pudimos descubrir como la vida y la muerte se dan un abrazo y confluyen en el Ganges, cuyas aguas bañan las orillas de una ciudad donde la acción no para ni un solo instante.

Día y noche la actividad no cesa a lo largo de los diferentes Ghats, a los que los hinduistas acuden ya sea para  realizar sus abluciones, lavar la ropa, bañar a los bueyes o para hacer la puntual ofrenda a los dioses en la fotogénica y colorista “Ganga puja” en Dashashwamedh Ghat. Esta ceremonia se realiza todos los días del año sobre las 19h. Mientras tanto, el humo de los Ghats crematorios no cesa, desde Harischandra a Manikarnica, donde se incineran los cuerpos de los hinduístas durante las 24 horas del día, recordándote  como en algún momento nosotros tampoco seremos nadie.

Nuestra aventura hacia Varanasi comenzó con nuestro encuentro con Ricardo y Tere, quienes fueron nuestros compañeros de viaje en este maravilloso lugar. Os recordamos que eran una pareja que conocimos en Agra y que al coincidir su próximo destino con el nuestro, decidimos hacerlo todos juntos. 

Despúes de la odisea para llegar a la estación de Agra y de haber pasado 13 largas horas en el tren, llegamos a Varanasi. Nada más pisar la calle los acosos comenzaron, cazaclientes de hoteles, tuctuqueros… no paraban de intentar llamar nuestra atención para que contratáramos sus servicios, pero es que aunque pueda llegar a resultar pesado e incluso algo molesto, hay que tener en cuenta que para ellos los turistas somos dinero andante y sonante y ellos..¡¡ creerme!! que lo necesitan.

Estuvimos varios minutos ayudando a una chica japonesa para coger un rickshaw y después tomamos nosotros el nuestro. Nada más llevar 5 minutos circulando, un comisionista se monto en nuestro motorickshaw para intentar llevarse algún porcentaje cuando llegáramos a algún hotel. Eso he de reconocer que ya fue el colmo!!. Se bajo con nosotros y nos estuvo persiguiendo durante más de dos horas por todas las calles de la ciudad, esperando cada vez que preguntábamos precio en algún hostel.  Hacía rato ya que se había pasado la hora de comer y añadido al cansancio que teníamos de tanto andar cargando las mochilas, la paciencia se nos iba agotando. Le estuvimos varias veces repitiendo que se marchara, que no le íbamos a dar ningún dinero. Otro niño, enfermo de lepra, se unió al grupo; íbamos totalmente escoltados por la ciudad, uno delante y otro por detrás, te sentías como una cabra de un rebaño, era una sensación de impotencia porque hicieras lo que hicieras no ibas a conseguir nada y sabías que al final en algún hotel te hospedarías y ellos dirían ..¡¡yo les he traído!!. Hasta que de repente, llegó otro pero este debía de tener un gran poder allí, ya que estos dos se fueron de inmediato al verle y él les sustituyo en sus funciones persecutorias. 
Por fin, tras ver varios hotels y guesthouse, nos quedamos en el Gampati muy cerca del ghat crematorio de Manikarnika, la habitación costó unos 15 euros. Nos alojamos en un edificio nuevo y las habitaciones eran perfectas. Amplias, limpias y todavía se podía ya no solo oler el aroma a recién pintado, sino también mancharte ya que aún la pintura no estaba seca, jeje

Nos dimos una ducha y fuimos a comer algo, eran ya las 17 de la tarde y todavía no habíamos probado bocado desde por la mañana. Llegamos a una tienda y nos hinchamos a bolsas de patatas mientras íbamos descubriendo la ciudad. La primera impresión que daba aquel lugar era laberíntica,  te desorientabas allí con muchísima facilidad, pero al igual que en las brújulas el camino te lo orienta el norte, allí el Ganges era quien nos marcaba nuestra ubicación.
Fuimos a ver algunos Ghats en los que estaba la gente lavando la ropa o bañandose y a las 18:45 nos dirigimos al Dashashwamedh Ghat para disfrutar de la ceremonia Aarti . Recuerdo que pagamos 100 rupias por sentarnos los cuatro en una barca en primera fila para disfrutar de la ceremonia. 

Fue increíble, toda la gente dejando ofrendas en el río, bebiendo de sus aguas y todos los turistas con la cámara preparada para no perder detalle.

Esta ceremonia consiste en una mezcla de danza, aromatizada con  el olor del incienso que queman y adornada con las múltiples tartaletas de flores y velas que iluminan y adornan el rió. Ese día, los protagonistas de la ceremonia a parte de los tradicionales Brahmanes fueron una pareja de longeva edad que iban a dar gracias al Ganges por su largo matrimonio. En ese justo instante prometí que si tenía la suerte que que mi matrimonio con Javi durase tanto, iríamos otra vez allí para celebrarlo.

La duración del espectáculo es alrededor de una hora, y verdaderamente se hace algo pesada, porque al no tener un gran significado para nosotros, no somos capaces de disfrutarla con el entusiasmo que lo viven lo hindús.

Después nos dimos otro paseo por la ciudad antes de volver al Gampati a cenar en la terraza y recargar pilas para continuar disfrutando de Varanasi al día siguiente.

El turismo en Varanasi es sencillo, simplemente hay que perderse por sus calles y sobretodo por sus Gaths. Y eso es lo que hicimos al día siguiente, ir recorriendo y fotografiando todos los Gaths. Empezando desde Manikarnica fuimos perdiéndonos por las callejuelas y mercados, para llegar hasta casi el Asi Ghat. En cada Gath como ya hemos comentado antes, ellos hacen su vida cotidiana y como toda vida tiene un final allí también hay una zona destinada para este, como el ya mencionado Manikarnica o Harischandra.

La vuelta la hicimos en barca surcando las aguas de este gigantesco río, que debido a que estábamos en el final del monzón casi cubria por completo los ghats. Tanto es así que en Manikarnica las cremaciones se estaban celebrando en una plataforma bastante elevada del rio.

Uno de los pilares básicos de la religión hindú es la reencarnación. Los hinduístas creen que nacen y mueren una y otra vez, reencarnándose en diferentes seres vivos según el estado de su karma y para ello durante su vida necesitan hacer buenas acciones para mejorarlo. De esto dependerá su nueva reencarnación en su próxima vida, pudiendo darse desde en un perro  hasta en un ser humano de una familia bien posicionada socialmente. La única forma de frenar este proceso es teniendo forma humana y es alcanzable en el río Ganges mediante la realización de una exhaustiva ceremonia.

Cuando las personas alcanzan una longeva edad, vienen a vivir sus últimos años a Varanasi o pueblos cercanos. Una vez que fallecen, la familia trae sus cadáveres al río Ganges para ser cremados en alguno de los Gaths destinados para este fin. El individuo ahorra dinero durante su vida para poder pagarse la madera de su futura cremación. La madera más utilizada es de Sandalo, debido a su buen olor pero también es la más cara, por lo que supone un gran esfuerzo poder costearselo. Si en cambio el individuo no tiene recursos económicos, existen ONGs con crematorios eléctricos que incineran a la gente gratuítamente.

Una vez que se va a iniciar la cremación y la madera está preparada a modo de cama para tumbar el cadaver sobre ella, este es primero mojado tres veces en el río para ser purificado. Posteriormente le dan un golpe en la cabeza para abrirla y que salga el alma, hasta que finalmente lo rocían con algún producto combustible para facilitar la incineración y comienzan a prenderlo con una antorcha que le introducen por la boca. Un cuerpo tarda apróximadamente 4 horas en acabar siendo cenizas y durante este tiempo el hermano con la cabeza recién afeitada debe permanecer al lado de este y de otros seres cercanos. Una vez ya finalizado el proceso, las cenizas se recogen y se tiran al río Ganges.

Solo existen cuatro tipos de personas que no pueden ser cremadas y que por lo tanto se arrojan al río directamente con una piedra atada a la cintura para que se hundan. Estos son los niños, las mujeres embarazadas, los brahamanes y los enfermos de lepra.

Una vez dicho todo esto, parece mentira verles bañarse tranquilamente en sus mugrientas aguas e incluso beber de ellas y pese a todo, no contraer ninguna enfermedad infecciosa. Y es que si una cosa es cierta es que parece que al final va a ser verdad que sus aguas son sagradas, llenas de vida y de muerte.

Después de comer en el dolphin, en una terraza con muy buenas vistas y muy cerca de Dasawamedh Ghat, nos volvimos al hotel a recoger nuestras mochilas pues pese a estar encantados en Varanasi, teníamos que continuar el viaje hacia Nepal. Ha diferencia del Viaje por el sudeste asíatico de 2011 donde cruzamos las fronteras en bus, esta vez preferimos no cruzar a Nepal por Sunauli ya que nos llevaría más de 24 horas así que volamos con spicejet a Delhi, donde llegamos casi a las 9 de la noche, tiempo suficiente para descansar en unos de los cientos de hoteles que rodean al aeropuerto desde donde saldriamos a la mañana siguiente con destino Kathmandu… pero esto, como os imagináis, es otra historia que se hará esperar 😉

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