Vietnam. Recuperando el aliento en Hoi an

Nuestro primer día en Hoi An comenzó temprano, y es que a las 7 de la mañana ya estábamos desayunando y la verdad es que estupendamente. Nos alojamos en un hotel pequeño y el desayuno era buffet y te podías hinchar a lo que quisieras, además de que tenían un cocinero in situ al que le podías pedir que te hiciera un par de huevos como más te gustaran, fritos, revueltos, etc. El día prometía pues teníamos por delante dar un paseo en bici por la ciudad, ir a la playa, ir de compras y hacer un curso de cocina en una de las villas más tranquilas de todo Vietnam.
Después de cargar bien pilas y una vez mentalizados que aquella zona era específica para relajarse y descansar del ajetreo del viaje, decidimos alquilar un par de bicis e irnos a investigar un poco por Hoi an y sus alrededores. Ya que íbamos a estar ahí por lo menos un par de días aprovechamos y ya de paso bajamos la colada, la cual nos la hicieron por un dólar el kilo 😉

Con las bicis alquiladas por a penas un euro cada uno, nos fuimos a ver las calles tradicionales del centro, donde están las típicas tiendas, dimos un corto paseo por el mercado tradicional e hicimos una larga parada en el puente cubierto japonés, que es muy conocido. Fue construido a finales del siglo XVI cuando Hoi an era uno de los prinicipales puertos comerciales de Asia. Según una leyenda representa parte de un dragón que recorre asia desde la India a Japón y cuyos movimientos provocaban debastadores  terremotos en Japón.


Una vez visto esto, seguimos entreteniéndonos y disfrutando observando los pequeños detalles de su vida cotidiana, como por ejemplo como sacan a la calle a tomar el sol a los pájaros que tienen por mascotas, a los niños jugando al lado del río, a la gente trabajando en sus tiendas o de los pequeños fabricantes de alfarería, vasijas, barcos de madera y demás cosas que puedan ser objeto de compra para los turistas. Decidimos ponernos en marcha para ver la playa, que estaba más o menos a unos cuatro kilómetros. 
 
Hombre pescando en los canales de Ho ian
Estaba claro que no llevábamos grandes pretensiones en cuanto a la playa, ya que nos habían comentado que no estaba preparada para el baño, que el agua estaba prácticamente embarrada debido a las grandes olas,  ya que por aquella época del año (octubre) solía estar bastante agitada….cosa que pudimos comprobar una vez allí. 
 
El acceso a la playa es cuanto menos extraño, tienen el monopolio de acceso los restaurantes de la costa, es como un recinto cerrado a base de caminos privados que llevan a los mismos  y su política de acceso es dejarte entrar y aparcar la bici gratis pero te piden  que consumas algo en su bar…y por supuesto aprovechamos para disfrutar de unas fresquitas Saigon!!
 
 
La verdad es que lo tienen bastante bien montado, la zona de la arena está llena de tumbonas en las que te puedes relajar tomándote una cervecita mientras te aíslas del calor y disfrutas de las vistas…y como allí es todo tan barato…pues genial, sales encantado!!!
 
 A nosotros nos hizo muy mal tiempo, comenzó a levantarse bastante aire y al rato empezó a llover y tuvimos que resguardar dentro de los techos. Habíamos pensado quedarnos a comer marisquito en algún restaurante que estuviera bien…pero tuvimos que abortar la misión, jejeje. Cuando empezó a escampar nos volvimos otra vez al centro, por el camino pudimos ver como la gente estaba trabajando los campos, y dejando una estampa bastante pintoresca con su típico gorro vietnamita.
 
Ya casi a la entrada del pueblo vimos un bonito restaurante que estaba vacio y decidimos parar para comer. En el restaurante tomamos unos noodles con ternera, un par de zumos y unos rollitos vietnamitas, estábamos totalmente solos en él y esta vez como tenía mejor pinta que los otros pues fue algo más caro, pero vamos si no recuerdo mal no superó los 5 euros persona.
 
Una vez llegamos al hotel, yo (Ally) comencé encontrarme fatal… algo me había sentado mal en la comida y casi creía que me moría, jajajaja… pero acto repentino, después de 10  minutos me recuperé por completo y me uní a Javi en la piscina para darme un bañito.  Estábamos agotados a si que nos echamos una pedazo siesta.
Por la tarda nos fuimos a buscar algún restaurante para hacer una cooking class, que es un curso de cocina vietnamita .
Habíamos visto en la Lonely y en algún foro que recomendaban algunos sitios concretos y nosotros fuimos al Hai café, la clase empezaba a las 18h así que aprovechamos para ir viendo precios de vestidos a medida. 
Los encontramos por 75$ si me compraba 3 así que cogimos la tarjeta y quedamos en volver después del curso. De camino también nos encontramos un pequeño templo pero, a parte de que cobraban por entrar,  como no teníamos mucho tiempo antes de la clase de cocina…decidimos no entrar. 
 
  
Ya estaba casi atardeciendo, así que nos dimos prisa y entramos al restaurante a comenzar con nuestra clase!!!
 
Al llegar al curso, estaba todo preparado en una mesa con ingredientes y las recetas en ingles, alrededor había mesas para que el resto de clientes cenasen. Eramos un grupo bastante reducido, a penas 5 personas,   un americano, dos alemanas y nosotros dos. El curso básicamente consistió en ver como un chef muy méjete (Fidel) nos explicaba a toda pastilla las 3 recetas que íbamos a preparar (rollitos vietnamitas, ensalada de ternera con sésamo, pez en hoja de banano ).   En  poco más de una hora estaba ya todo preparado y listo para comer. A mí me toco cortar el lemongrass y a Javi llevar a la parrilla la ternera marinada. 
 
Ally preparando el majao para el pescado
Javi rayando como un buen profesional
Después cenamos los 3 platos y otros 2 mas con una bebida incluida. Todo esto, curso y cena, por solo 15 dólares por persona y fue la mejor comida vietnamita del viaje, aunque yo realmente tampoco pude disfrutarla bien ya que temía volver a ponerme fatal del estómago.
 
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Si os gusta la cocina os recomendamos que echéis un ojo a nuestras recetas de comida asiática que hay publicadas en el blog, una es en referencia a esta clase y otra de comida hindú 😉
Al salir volvimos a la tienda donde  habíamos negociado los vestidos, empecé a elegir tipos de escote, colores y telas. Javi se animó con una camisa a medida. Nos tomaron a ambos las medidas y después volvimos  a hablar de los precios. Eran dos chicas, hermanas, empezaron a hacer números y decían que por 85 dólares todo pero me querían poner en los vestidos tela super cutre, casi parecía un plasticucho, así que  les dijimos que nanai!!!, que habían dicho antes que el forro sería mejor, pero ellas decían que entonces por 95$,… En fin estuvimos regateando un buen rato…y  ellas a la vez seguían haciendo sus números , hasta que  al final quedamos en 90$, y que todo estaría listo para recoger al día siguiente por la tarde…impresionante!!!
 
Volvimos en las bicis al hotel y enseguida nos fuimos a dormir, ya que al día siguiente habíamos contratado una excursión a My Son por 6$ cada uno, los tickets de entrada a parte. La verdad es que contábamos con habernos encontrado nuevamente a Sergio y Miriam, dado que era un pueblito pequeño y tal, pero que va!! No les vimos en todo el tiempo en el que estuvimos allí…supongo que ellos durante su estancia pensarían lo mismo, ya que lo estuvimos hablando antes de la despedida en Hue y precisamente no dijimos de quedar por lo fácil que parecía nuestro reencuentro.
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