Aventuras en China: Llegada a Beijing

Muy emocionados, a las 6:30 nos pusimos en pie, mirando rápidamente por la ventana con la esperanza de que no hubiera nevado. Por aquella época (noviembre de 2010) en España estaba haciendo un tiempo de perros y no queríamos que hubiera ninguna complicación durante nuestro traslado al aeropuerto. Ducha rápida, café y con una sonrisa de oreja a oreja nos pusimos en marcha. Todo iba bien, nada de tráfico, hasta que al llegar al aeropuerto y revisar un poco lo que llevábamos encima..¡¡AHHH!! nos echamos las manos a la cabeza al darnos cuenta de que se nos había olvidado los billetes chinos que habíamos cambiado previamente.
Rápidamente comenzamos la operación “Yuan”, el tiempo corría en nuestra contra, llamamos rápidamente a dos familiares y los cuadramos mandando a uno para que fuera a casa desde la otra punta del barrio y cogiera el dinero y se encontrara en las afueras con el segundo familiar, el cual estaba volviendo tranquilamente de habernos dejado en el aeropuerto.
A cada minuto los nervios se iban acentuando, podíamos irnos y cambiar nuevamente allí, pero era una lástima ya que a la vuelta no podríamos cambiar la totalidad de nuevo a euros. Finalmente lo conseguimos, nos lo trajeron en el momento justo para rápidamente ir a pasar el control y tras una larga espera en la cola, llegar con el tiempo justo antes de embarcar a nuestro avión.
Con un gran suspiro volvimos a la calma, pero no podíamos ocultar nuestra gran emoción, ya que en ese justo instante comenzaba la aventura, más de 10000 km nos separaban de nuestro destino, los cuales recorreríamos en aproximadamente 18 horas contando la escala de 2 horas que haríamos en Moscú.

A las 8:30 estábamos ya en territorio chino, en su capital,  Beijin, donde decidimos coger por 25 yuanes el “airport express” que tenía conexión con el metro. Allí en el plano logramos visualizar entre un laberinto de letras chinas nuestra parada, Dongzhiven. Allí hicimos nuestro transbordo a la línea 2 de metro para llegar a GulouDajie y saliendo por su segunda salida hacia el sur solo andamos unos 500 metros y ya estábamos en nuestro hotel.
El metro sin duda es el mejor método de transporte para moverse por la capital, sencillo, rápido y baratísimos, ya que por solo 2 yuanes podías comprar un ticket y desplazarnos hasta donde quisiéramos y sin ninguna pérdida porque además de las estaciones en caracteres chinos también están en pingyin.

Llegamos a nuestro hotel, el Beijing hutong Inn y al entrar a la habitación (que nos salió por 250yuan/noche) lo primero que nos encontramos fue lo que casi siempre encontraríamos en el resto del viaje… la ducha modelo “todo se moja”. Así la llamamos nosotros ya que sólo tiene una cortina (y si la tiene) y el agua cae libremente al suelo empapando el baño. Sin duda por muy aparatoso que sea, nos vino estupenda para asearnos después de casi 24 horas que hacía desde que habíamos salido de nuestra casa  y comenzar a descubrir nuestro destino.
Salimos del hotel para dar un paseo por los famosos hutongs, ya sabéis, esas pequeñas calles que atraviesan los barrios más antiguos de Beijing, hasta toparnos enseguida con la torre de la campana. Estábamos a finales de noviembre y hacía mucho pero que mucho frío además de una terrible niebla   así que la primera impresión que tuvimos al aterrizar en una ciudad como esta es que era muy gris, pero a medida que avanza el tiempo y vas descubriendo todos sus rincones te das cuenta de que está llena de color y alegría.

En ambos extremos de una plaza, una frente a la otra, se encuentran la torre de la campana y la torre del tambor. En un día despejado puedes disfrutar desde lo alto de las torres de unas vistas increíbles, pero en la época invernal en la que fuimos nosotros es algo imposible , ya no solo por la niebla sino también por la gran contaminación que enturbia el horizonte de la ciudad.

Todas las ciudades importantes de China cuentan con ambas torres, donde se celebran habitualmente conciertos para entretener a los turistas varias veces a lo largo del día. Dentro de ellas puedes contemplar la arquitectura que caracteriza a este país, con estructuras hechas en madera de color rojo, el cual es el color de la suerte y detalles y ribetes en tonos verdosos y azules. 

Avisaros de que en China hay que pagar entradas en casi todos los monumentos, pero un truco es llevar un carne con fotografía para indicarles que eres estudiante y así beneficiarte de los grandes descuentos que tiene para ellos. En aquella época solo teníamos carné para mí(Ally) ya que hacía muy poco que había acabado la universidad, pero no tuvimos ningún problema usando el del gimnasio de Javi y creerme nos ahorramos una pasta en total.
Después de ver las dos torres nos fuimos a comer. Encontramos un pequeño restaurante donde pudimos degustar su gastronomía por primera vez, con un cubito de arroz frito, alitas de pollo marinadas y unas verduras de acompañamiento. Todo ello exquisito y por el módico precio de 75 yuanes en total.

Ya no quedaba mucho tiempo para poder disfrutar de la luz del día, ya que allí sobre las 18h ya es prácticamente de noche, con lo que nos apresuramos dando un paseo hasta llegar al templo de Confucio, donde tuvimos que pagar unos 15 yuanes por persona.

El confucionismo es una religión basada en las enseñanzas y doctrinas predicadas por el filosofo chino Confucio, tiene considerada como “deidad” al cuerpo y al cielo. Fue la religión oficial del imperio chino hasta el Siglo VII,  teniendo una gran influencia en el pensamiento de varias zonas del Sudeste asiático. Principalmente se basa en los principios de la practica del bien, la sabiduría empírica y las propias relaciones sociales. Estuvimos contemplando al detalle todos los pabellones, las estelas de piedra y las tortugas que se erigían cada vez que los emperadores chinos lograban someter una insurrección en el imperio. vimos tambie´n en la parte trasera una zona llena de tablillas rojas de los fieles y de paso vimos algunos haciendo sus rezos y ofrendas. 
  


Intentamos después ir al templo de Lama, que es un templo budista, para comprobar las características de dos religiones tan distintas,  pero la verdad es que nos confiamos con el mapa ya que las distancias son bastante grandes en la capital china, así que cunado llegamos ya estaba anocheciendo y estaban cerrando y nos tocó dar la vuelta de nuevo deshaciendo el camino a través de los hutones.


Eran poco más de las 8 de la tarde cuando rendidos nos acabamos durmiendo y dando por terminada nuestra toma de contacto con la capital del imperio chino. 
Los gastos del día sumaron un total de 450 yuanes entre transporte, comida, hotel y entradas a la torre del tambor y el templo de confucio

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