Bali, la isla de los dioses

Bali, más conocida como la isla de los dioses, es un lugar que no te deja indiferente, que te fascina por sus templos, por su riqueza multicultural y sobretodo por la cordialidad de sus gentes.Después de 5 horas de avión desde Bangkok, nos encontramos aterrizando en la Verde isla de Bali, en el aeropuerto internacional de Depansar, donde tuvimos que esperar como el resto del pasaje a que nos tramitaran el visado a la llegada. Una vez cogimos nuestras maletas, unos cuantos porteadores con uniforme intentaron ayudarnos para sacarse unas rupias pero sabíamos que teníamos que pasar de ellos pues no necesitábamos trasporte. Nada más salir del aeropuerto, nuestra guía y conductor nos recibieron con los brazos abiertos y nos ofrecieron un típico collar de flores y una gran sonrisa que no borrarían hasta la despedida. Nuestra guía se llamaba Sandra (ese es el nombre occidental que nos dijo aunque más adelante nos comentó que se llamaba Niluh) de la cual nos trajimos un cariñoso recuerdo y nuestro conductor se llamaba Putu. Una vez nos metimos en el coche comenzaba la aventura.

Partimos desde la capital Balinesa, Depansar y nos dirijímos por carretera hacia el templo de Tanahlot, parando por el camino en un banco para cambiar dinero… Que por cierto, nos sentimos millonarios cuando vimos que el cambio a rupia indonesia era 11000 rupias por euro. Durante el trayecto, íbamos alucinando con los templos que aparecían en cualquier esquina o las cientos de motos que iban adelantándonos a derecha e izquierda.

Tanahlot es un pequeño templo situado en la costa suroeste de la isla a unos 20km de Depansar, Fue construído  en el siglo XXVI sobre una gigantésca roca por Nirarthi, brahman proveniente de la isla de Java.

Esta situado a las orillas del oceano Indico y cuando sube la marea le puede ver ve flotando sobre sus aguas.
es un sitio espectacular ya que al subir la marea queda totalmente rodeado por mar y los atardeceres son  todavía mas espectaculares… si las nubes lo permiten lo cual no suele ser muy habitual. Hay un sitio especial dentro del templo en el que curiosamente hay una pequeña zona de agua dulce, nadie sabe a que se debe pero efectivamente pudimos comprobar que no sabía ni por el asomo a una pizca de sal.

Los balinenes creen muchísimo en la mitología, y según sus creencias locales, este templo está protegido por serpientes venenosas que rodean la roca donde descansa el templo.

Justo al lado del templo comimos nuestra primera mariscada, ¡¡riquísimo!! y con unas vistas geniales al templo. Allí los precios son muy bajos, un plato de marisco con langosta incluida te puede costar perfectamente unos 5 o 10 euros para dos personas así que solo tocaba disfrutarla. Mientras comiamos empezamos a ver como iban llegando Balineses con sus típicas ropas blancas que usan en las ceremonias de cremación y cargados de ofrendas… y descubrimos la espiritualidad con la que viven el día a día los balineses. Sandra poco a poco nos iba descubriendo aspectos de su cultura.Despues del festín nos bajamos a pie para ver el templo de cerca, estaba llenísimo de gente, parecíamos hormigas.

Una vez recorrido el templo, ya nos pusimos otra vez en marcha para ir a la zona de Belimbing, donde teníamos nuestro hotel para esa noche. Llegamos al hotel ya de noche, y la sorpresa que nos llevamos fue que eramos los únicos huéspedes de todo el hotel. Nos alojaron en la Suit con vistas a los arrozales y había una cesta de frutas de bienvenida.No tardamos ni un segundo en sacárnosla al jacuzzi del jardin, del que pudimos disfrutar nosotros solos dándonos un baño mientras veíamos las estrellas.

A la hora de ir a dormir, nos parecieron algo sospechosas unas bolitas marrones muy pequeñas que nos encontramos en la cama, parecían “cagaditas”. De repente al apoyar la cabeza sobre al almohada salió una pequeña cosa negra corriendo por la habitación, enseguida Ally se subío a una silla y grito Javiiiiiii!!! Javi salió del baño donde acababa de quitarse las lentillas y dijo: “Hay algo negro pero no veo ni tres en un burro y no se que puede ser” así que llamamos corriendo a los del hotel. No sabíamos si era una tarántula, un lagarto… finalmente resultó ser un pequeño ratoncillo al cúal trincó el del hotel por el cuello y lo dejó libre nuevamente en el jardin mientras Ally gritaba “No kill it, No kill it”. Estábamos en medio la selva y era lo menos que nos podía pasar, y de hecho fue el mejor de los visitantes que fuimos teniendo en nuestras habitaciones durante el viaje. Después de esto, remetimos a conciencia la mosquitera entre el colchón antes de dormirnos, mientras las ranas croaban desde los arrozales.

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